mis primeras andanzas

mis primeras andanzas son desde mi nacimiento en 1955 hasta 1982.

Uso este período de tiempo porque en 1982 pasaron dos hechos esenciales en la primera parte de mi vida, regresé a Colombia con deseos de tirar el ancla y publiqué mi primera obra poética, impresiones.

Nací en Ciudad de Guatemala en la Maternidad Lourdes. Ya mis padres, Hugo y Marie Louise habían tenido un año antes a mi hermana María Cristina a la cual comencé a llamar Titina. Vivíamos en Mazatenango en una finca muy pegada al caso urbano y ya parte de él, donde estaba el beneficio de café de mi abuelo, Guillaume Louis Philippe Mohr Bouscayrol. Su padre, Guillaume Mohr Laurent había abandonado Francia cuando los alemanes invadieron Alsacia y Lorena donde su familia vivía y la perspectiva de pasar a ser soldado alemán le hizo dejar su familia y  embarcarse al nuevo mundo. Llegó, se casó, creó una gran familia, trabajó, hizo fortuna. La historia de los Mohr es otra historia. Como lo es la fascinante historia de mi madre.

Mi madre llegó a Guatemala a los 14 años y a los 19 años se fue a estudiar a Canadá. Conoce a mi padre, Hugo Cuevas Gamboa, nacido en Cali Colombia, por intermedio de mi tía Mireya Cuevas, quien fue la compañera de cuarto de mi madre. Estudiaban en la Universidad de McGill. Se enamoran y se casan en 1953 en Ciudad de Guatemala donde se establecen. Mi padre trabajaría con mi abuelo que aparte de beneficiar café, desmotaba algodón. Montaron una fábrica para transformar las semillas de algodón en aceite.

Nació mi hermana, nací yo un año después en una finca llena de actividad, con olor a café, con indígenas guatemaltecos que iban y venían, me cargaban, jugaban conmigo, el hijo del patrón. Tantos recuerdos de una infancia feliz. Un tren que entraba por el medio de la finca a recoger las pacas de café. Pero mi padre, comerciante de raíz, no era ni industrial, ni hambre del campo. Su Cali bella le llamaba, su familia le insistía en volver y nos desraizó. Llegamos a un Cali que en ese tiempo era un pueblo grande.

Entré al Liceo Francés Paul Valery que apenas abría sus puertas a los hijos de franceses y personas de la ciudad que deseaban una educación no religiosa, más abierta e internacional. Casi todos los colegios privados era católicos, las mujeres iban a colegios de monjas y los hombres a colegios de sacerdotes. Existían los colegios mixtos como el británico, el americano, etc.

La experiencia en el Liceo Francés es un recuerdo que llevo siempre muy presente en mí. No sólo por el recuerdo de mis compañeros, algunos que tuve desde muy temprana edad y terminamos graduándonos juntos y que la distancia no ha logrado menguar el cariño que nos tenemos. Tuve profesores y profesoras que me influenciaron muy positivamente y me abrieron muchas ventanas y puertas al conocimiento. Esta época también está llena de mil historias!

Al graduarme me vine a estudiar a los Estados Unidos. Un college en Worcester cerca a Boston quería aumentar la diversidad del estudiantado y buscaban estudiantes de distintos regiones en un plan de estudio-trabajo y fui aceptado. Trabajé primero en la cafetería y luego con la decanatura de estudiantes extranjeros coordinando la llegada de estudiantes y grupos de muchos países. Me gradué con un «major» en Biología y un «minor» en Literatura Moderna. Seguí luego un Master en Auburn University en Alabama y al graduarme busqué la posibilidad de volver a Guatemala donde pasé un tiempo, luego Colombia, donde entré a trabajar en una experiencia que impactó mi vida. En Hogares Juveniles Campesinos, una ONG, trabajé en el desarrollo agropecuario de los hogares hasta que la violencia nos sacó del campo y uno de los donantes a esta ONG, la Iglesia Belga, me dió la oportunidad de viajar a la Universidad de Lovaina y hacer un diplomado en Desarrollo. Ese año en Lovaina fue revelador, no solo por los estudios, sino por los compañeros que conocí. Mi tiernamente recordada Tita leyó mis primeros poemas y me convenció que eran «buenos» y me fui a Bunyola, a una casita prestada en un pueblito en la isla de Mallorca, a terminar mi libro impresiones. En Mallorca conocí al poeta uruguayo Mario Benedetti y su libro Inventario volvió a mi mochila, ahora con la cara amable de este gran hombre.

Tita me ayudó a conseguir un trabajo con UNICEF en un plan de desarrollo del Pacífico Colombiano y volvía al país a internarme en la selva húmeda y cohabité en El Naranjo, a las riberas del Rio Guapi con un pueblo hospitalario deseoso de salud, comida, seguridad. No creo que pude aportar mucho más de lo que aprendí de ellos.

Volví a Cali y entré a trabajar en un colegio, de profesor de Biología. Me comencé a apasionar por la educación y pensando que era el momento de tirar el ancla, publiqué mi primer libro, impresiones, con la ayuda de muchas personas que apoyaron esta primera edición. El lanzamiento, frente a familiares y amigos me comenzaron a convencer que la poesía y yo podíamos entablar una íntima relación.