
Poemas Sueltos: Canción de Otoño en Primavera (Juventud Divino Tesoro) – Rubén Darío
En el séptimo episodio de poemas sueltos te traigo el poema Canción de Otoño en Primavera (Juventud Divino Tesoro) del poeta nicaragüense Rubén Darío
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REFLEXION
En qué momento de nuestra vida una edad nos hace sentir que estamos haciendo una transición de una etapa a otra, el momento en que sentimos que la juventud se siente dejada atrás? Te has hecho esa reflexión? La haces cada década? Es una reflexión que debemos hacernos a los 30, a los 40, o a los 50? Será a los 60, 70?
Es algo físico? Es psicologico? o será más bien cultural? Qué ciclo terminamos y qué ciclo empezamos?
La depresión de los cumpleaños es algo bastante común. En inglés lleva el título de “birthday blues”, o depresión del cumpleaños y los psicólogos tienen una lista de síntomas, que van de estar cansado y sin entusiasmo en los días que se acercan a tu cumpleaños, sentirse triste e incapaz de encontrar una razón, perdida de confianza y autoestima, evitar el contacto con personas, problemas para conciliar el sueño o despertarse por la noche hasta dolores y molestias físicas.
Mi padre, pienso yo, padecía de birthday blues y evitaba de cualquier forma los cumpleaños aunque fue conocido como una persona que dió grandes fiestas temáticas o de disfraces que muchos amigos y familiares recuerdan, para celebrarlos. Se recuerdan la de las “Mil y Una Noches”, o “El Imperio Romano” – en los cuales era, claro está el Sultán o el Emperador. De pronto ese deseo de festejarlos a toda costa con bombos y platillos es una forma de desafiar el cambio de edad.
Para mi tal vez fue los 50, ese medio siglo fue más significativo que otros cambios de década…
Qué pensamientos entonces nos acechan, qué recuerdos y nostalgias, nos da pesar recordar o nos da alegría sentir que la vida nos dio la oportunidad de tener esos recuerdos… Sin mis recuerdos y deleitarme con ellos no podría ser escritor, por eso tal vez los valoro tanto.
Cómo romper el círculo de sentirnos preocupados por la edad y la vejez y movernos hacia adelante con la esperanza que el avanzar en la vida nos brinda?
JUVENTUD, DIVINO TESORO
Canción de Otoño en Primavera
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro
y a veces lloro sin querer
Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña,
en este mundo de duelo y de aflicción.
Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.
Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé…
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer…
Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fue más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.
Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía…
En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé…
Y te mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe…
Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer…
Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón.
Poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;
y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también…
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer.
¡Y las demás! En tantos
climas, en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas
fantasmas de mi corazón.
En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!
Mas a pesar del tiempo
terco, mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco a los
rosales del jardín…
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer…
¡Mas es mía el Alba de oro!
COMENTARIOS DEL POEMA
Rubén Darío, que como veremos en la reseña que haré a continuación, murió relativamente joven, escribió este poema donde añora su juventud y donde rememora los amores que se acercaron a su vida y que en sus recuerdos tienen todos los colores del arco iris diciéndonos que “plural ha sido la celeste historia de mi corazón”. Este poema fue publicado en el poemario Cantos de vida y Esperanza en 1905, y lo escribió antes de cumplir cuarenta años.
El profesor Felix Coelho escribe en un artículo: “El propio título recoge dos metáforas muy claras: la del otoño como ocaso de la vida, como llegada de la vejez, y la de la primavera como juventud, verdor y lozanía de la vida. Una de las cosas por las cuales el poema es más conocido es por su famoso estribillo, que se repite varias veces, otorgándole gran musicalidad: “Juventud, divino tesoro,/ ¡ya te vas para no volver!/ Cuando quiero llorar, no lloro…/ y a veces lloro sin querer. Entre cada estribillo, son referidas las experiencias amorosas, que van de la inocencia al desengaño y los excesos, para finalizar concluyendo amargamente que ya “no hay princesa que cantar”.
Parte el poema de una relación que tiene aparentemente con una persona mayor, él muy joven. “Yo era tímido como un niño. Ella, naturalmente, fue, para mi amor hecho de armiño, Herodías y Salomé…” Herodías y Salomé, madre e hija, eran en la Biblia unas mujeres atractivas, engañosas y porfiadas y fueron las culpables de la decapitación de Juan Bautista. Podemos inferir que se siente que joven cayó en las manos de los deseos de una mujer mayor. Lo que para muchos hombres de generaciones anteriores era “normal”. Abro y cierro comillas.
Luego Ruben Dario describe otros amores aquejumbrado por no encontrar en ellos el amor que siempre buscó y el cual, al escribir el poema, siente que “a pesar del tiempo terco” y “con el cabello gris”, “mi sed de amor no tiene fin” y “me acerco a los rosales del jardín…” Ya que su sed de amor no tiene fin, sigue esperando el poeta ese amor anhelado? Qué quiere decir con: ¡Mas es mía el Alba de oro! La vida después de la muerte, cómo opinan algunos? Descifrar los pasadizos que vislumbra este poema nos da una idea de la compleja naturaleza del poeta y sus sentimientos.
Sin duda lo que hace famoso este poema son los versos que Rubén Darío repite una y otra vez “Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!”, frase que me decía mi tío abuelo Joaquín Cuevas cuando, yo joven, me veía. Me demoré muchos años en conocer de dónde venía esta frase que él me repetía, mientras me ponía su mano en mi cabeza. .
Además, cómo nos va pasando a muchos con la edad, cuando queremos llorar, no lloramos y a veces lloramos sin querer, de pronto por cosas aparentemente banales que nos traen un recuerdo, una emoción reencontrada y se nos empañan los ojos… sin querer.
RUBEN DARIO
El 18 de enero de 1867 nace en San Pedro de Metapa, Nicaragua, un pueblo a 90 km de la capital Managua, Félix Rubén García Sarmiento. En 1920, cuatro años después de su muerte el pueblo fue rebautizado Ciudad Darío.
Sus padres eran primos, Manuel García y Rosa Sarmiento, y debieron pedir permiso a la Iglesia para casarse. La relación de los padres, por la proclividad del padre por el alcohol y las mujeres, hizo que Doña Rosa le abandonara y el niño fue criado por sus tíos cuando la madre encontró un marido y se fue a vivir a Honduras.
El apellido “Darío” lo explica el poeta en su biografía así: Algunos ancianos de aquella ciudad de mi infancia me han referido que uno de mis tatarabuelos tenía por nombre Darío. En la pequeña población conocíale todo el mundo por don Darío; a sus hijos e hijas, por los Daríos, las Daríos. Mi bisabuela paterna firmaba Rita Darío y mi padre, que era comerciante, realizó todos sus negocios con el nombre de Manuel Darío aunque su apellido oficial era García.
Ruben Darío ya escribía a los 3 años y a los doce años escribe sonetos que muy pronto salen publicados. Se le comienza a conocer como el poeta niño. De gran inteligencia, aprende francés a través de la lectura, viaja desde muy joven por Centro América como periodista y con 19 años se radica en Chile. Allí se sintió discriminado por no pertenecer al medio social clasista que encontró en este país y a los 21 años pública el libro “Azul” que según los críticos es la obra que da inicio al movimiento modernista.
El poeta argentino Jorge Luis Borges lo describe con estas palabras: “Todo lo renovó Darío: la materia, el vocabulario, la métrica, la magia peculiar de ciertas palabras, la sensibilidad del poeta y de sus lectores. Darío fue el padre del modernismo, un movimiento de renovación, de reencuentro de la poesía con la nostalgia de la niñez perdida, la adolescencia febril, los paraísos inalcanzables, los jardines floridos. Es el revivir de la poesía cromática, brillante, sensual, de la búsqueda de antiguas formas métricas y rítmicas, ahora vistas con nuevo interés y un claro deseo estético».
Darío fue también diplomático y viajó a Madrid primero, años después a París, ciudad que amó. En el licor Ruben Darío buscaba calmar esa ansiedad de vivir, de poder manejar una emocionalidad muy vibrante y difícil para él de soportar. Su amor por la vida nocturna y la bohemia le cosecharon amigos en ese mundo, pero igualmente, cuando la burbuja del alcohol se rompía, caía en grandes depresiones.
Su vida sentimental fue igualmente convulsionada. Se casó joven con Rafaela Contreras quien le dió un primer hijo que moriría. Ella igualmente muere temprano y renueva sus amoríos con Rosario Murillo, y esta vez la familia de Rosario le obliga a contraer matrimonio con ella. En España conoce en los jardines de la Casa de Campo de Madrid, a la hija del jardinero, Francisca Sánchez del Pozo, una campesina analfabeta a la que le enseña a leer y escribir, y con la que inicia una relación de muchos años y varios hijos de los cuales uno solo llegaría a ser adulto.
Luego de varios viajes entre América y Europa, algunos como periodista y otras como diplomático, el alcoholismo le pasa factura. El escribiría: «He sido un atormentado, un amargado de las horas. He conocido los alcoholes todos: desde los de la India y los de Europa hasta los americanos, y los rudos y ásperos de Nicaragua, todo dolor, todo veneno, todo muerte. Mi fantasía, a veces en crisis; sufro la epilepsia que produce ese veneno del cual estoy saturado. Me siento entonces agresivo, feroz, con instinto de destruir, de matar».
Terminó enfermo, sin dinero, viviendo de la caridad de algunos amigos y muere de 49 años al regresar a Nicaragua en la ciudad de Léon el 6 de febrero de 1916.
Todos los poetas de la época alabaron su obra y en el primer encuentro de Neruda y Lorca, en Buenos Aires en 1933, los dos rindieron homenaje a Rubén Darío, a dos voces, en un memorable discurso titulado: “Dariana” del cual lastimosamente no hay registro sonoro. Aunque fue un gran orador y declamador de poesía, no se conserva su voz.
Nota: Ese discurso se titula Discurso al alimón sobre Rubén Darío y lo puedes leer siguiendo este enlace.
POEMA MUSICALIZADO
Conozco dos versiones del poema de Rubén Darío musicalizados. Uno, el de Paco Ibañez que aparece en muchos de sus álbumes, tanto grabados en vivo o en estudio. La del músico y cantante colombiano Leonel Alvarez en un álbum titulado Los poetas que yo canto, publicado por el Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Bogotá en 1999 es la que presento aquí.
Escucha las maravillosas declamaciones de Rubén Ramírez Cepeda, Ildefonso Escobar Rubio y Alejandro Mendoza Contreras. Disfrútalas!
En Musicalizando encuentras más poemas de Ruben Darío musicalizados.


