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La escuela sigue siendo, a pesar de las innovaciones tecnológicas y los cambios pedagógicos, el lugar de leer, escribir y sacar cuentas. La oralidad fue relegada al recreo, a los amigos, fue desterrada de la clase y hasta hace muy poco la educación se ha dado cuenta de este gran error histórico. Existen numerosas experiencias de enseñantes en Occidente que están encontrando nuevas modalidades educativas en las cuales la lengua oral ocupe un lugar destacado. Además, estas técnicas no solamente se deben utilizar para mejorar la expresión oral, sino también para formar, para educar la mente y el alma de los estudiantes. Y es aquí donde cada vez más va a jugar un papel primordial la poesía.
Como dice el escritor alemán Jurg Studer: “El arte de convencer y entusiasmar a los demás por medio de la palabra acertada, por medio de un discurso convenientemente estructurado y a través de la entonación y acentuación oportunas es algo que se puede aprender”. Y el escritor italiano Renzo Zucherini anota: “... las mismas estructuras educativas, como la escuela, nos han preparado (durante años y años de ejercicios de lengua) para redactar, no para enfrentarnos a la más elemental situación de comunicación en la sociedad moderna”. Y podemos agregar que de la capacidad de comunicarnos depende la construcción de una sociedad más justa, de democracias más reales y participativas, de personas más capaces y seguras para elaborar y exponer ideas en un mundo donde tenemos que tomar más y más las riendas de nuestro destino.
El arte de hablar bien era tan importante para los griegos, que los primeros filósofos estudiaron y analizaron cada aspecto de la comunicación, desde el manejo de la información, hasta la forma de presentarla. La expresión oral era tan importante que su enseñanza fue promovida desde la primera infancia y el éxito de los grandes oradores, tanto en Grecia como en Roma, fue tan grande que su posición social, poder político, status económico, dependió de esta capacidad. Igualmente, el éxito de los Poetas, orales todos hasta la popularización de la escritura, dependió del domino de la declamación o expresión oral de sus textos.
En la época en que vivimos no necesitamos ser grandes políticos, juristas elocuentes o un popular conferencista – o un pastor que aglutine multitudes – para vernos en situaciones donde la clave del éxito personal o profesional, dependa de la capacidad que tengamos para expresar de forma clara, segura, directa y convincente, nuestras ideas, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos hacia una persona, un grupo de oyentes o a través de los medios de comunicación, a un público que nos escucha.
Aquí podrá leer varios artículos que hemos escrito con el tema de la Oralidad y la Educación y el pepel de la poesía. |
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